Lo más chato posible.

En el afán de salvarlos a todos a cualquier precio, aun en contra de su propia voluntad la educación de hoy ha producido una nueva marginalidad, más injusta aun que la que querían subsanar.

No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de ejercer la docencia en una secundaria de nuestra ciudad. Estando dado a esto, me ocurrió un evento tan particular para quien lo sufre como cotidiano para nuestras escuelas.

Siempre fui instruido que como docente tenía la muy digna tarea de tratar de  que cada alumno que pasara por mis manos alcanzara los contenidos mínimos e indispensables para que la materia que se me había encomendado, sirviera de herramienta para todos por igual. Yo docente inexperto y enamorado de doctrinas inclusivas me di a la tarea de volver una y otra vez sobre los contenidos más elementales, no quería perder a ninguno en el camino. 

No tarde en darme cuenta de que el mayor obstáculo a mi esfuerzo no era un “no puedo” como cualquiera hubiera imaginado en primera instancia, sino que el mayor obstáculo es aún más triste, el mayor obstáculo es un “no quiero”. Claro que me di a la tarea de encontrar las motivaciones necesarias para lograr el milagro de la transmutación del férreo “no quiero” en el deseado y áureo “si quiero”, sentía que no podía darme por vencido con aquellos alumnos. Pero que puede hacer un maestro ante una omnipresente realidad social, una gota de agua dulce no alcanza para cambiar un mar.

Pero aun así porfié en el milagro y anuncie a la clase que repasaríamos una vez más un dichoso tema, pero justo cuando subí mi mirada para iniciar el repaso, puede notar con terrible peso la mirada de una de las mejores alumnas que enfocándose en mi era triste y llena de desilusión. Fue ahí que me di cuenta que en mi afán de ir por todos me había olvidado de los que desde el principio me habían regalado un “si quiero”.

Ahora bien, no estoy diciendo que no haya que tratar de ir por todos, solo estoy marcando que al hacerlo de la forma en que hoy lo hacemos, estamos generando más desigualdad. Yo no quiero fallarle a los alumnos que no quieren escucharme, pero menos aun a los que dándome su confianza me han dicho que sí.