EN HONOR A UN REY DE FRANCIA

A 426 años de la fundación de San Luis

La denominación remite a San Luis Rey de Francia, patrono de quien fuera el primer fundador: Luis Jufré de Loaiza y Maneses. En esta nota detallaremos quién fue este rey.

Nuestra provincia nació el 25 de agosto de 1594, fundada por Luis Jufré de Loaiza y Meneses. Su nombre inicial fue San Luis de Loyola Nueva Medina de Rioseco. San Luis por un rey francés del siglo XIII, considerado santo por la Iglesia Católica. Nos remontaremos, entonces, a aquella época y nos detendremos en las características particulares de este rey.

Luis IX nació un 25 de abril de 1214. Fue el sexto de catorce hijos de Blanca de Castilla. El padre de Luis, falleció cuando él tenía solo 12 años; por lo que Blanca (de origen español) quedó sola en el gobierno de Francia, frente a los señores franceses que acechaban la corona.

Para evitar litigios, Blanca coronó inmediatamente al pequeño rey un 29 de noviembre de 1226, en Reims. Le proporcionaría a Luis los mejores maestros, eruditos y sabios, y lo trataría como a su colaborador en el gobierno. Se destacaría Luis, desde muy temprana edad, por su caridad para con los pobres. Además, era de una equilibrada humanidad: afable y de hablar sencillo y recto, se dice que nunca salió de su boca una mentira.

Contrajo matrimonio con Margarita de Provenza en 1234. El rasgo particular de esa boda fue la grabación en su anillo, el cual expresaba: “Dios, Francia, Margarita”, la cual marcaba la jerarquía de sus valores. Tuvieron un feliz matrimonio y juntos llegaron a tener once hijos. Fue un hombre de familia y crió a sus hijos con los más esmerados cuidados, educándolos en altos valores.

En 1244, Luis caería gravemente enfermo. Y estando en agonía, haría voto de cruzado: de recuperarse, marcharía a pelear contra los usurpadores musulmanes de Tierra Santa. Fue el 25 de agosto de 1248 que embarcaría Luis, junto con su familia y con su ejército, en un viaje que cambiaría su vida para siempre. Arribaría a Damieta, en Egipto, el 4 de julio de 1249. Ésta ciudad sería conquistada sin mayores inconvenientes, pero la campaña, en sí, fracasaría: debido a la cobardía de algunos, Luis sería tomado prisionero y, por su rescate, debería rendir Damieta, además de dar una alta suma de dinero.

Tras salir libre, Luis marcharía a Tierra Santa, ya sin un ejército, y sería signo de consuelo entre los señores locales: en los años en que estuvo, fortificaría castillos, desbarataría las incursiones de musulmanes, instauraría la paz, e incluso él mismo enterraría los cuerpos putrefactos de los campos de batalla. Pero habría de volver a su reino, pues Blanca había muerto. En la víspera de San Marcos, un 24 de abril de 1254, día de su cumpleaños número 40, el rey zarparía de regreso a Francia.

En su segundo período en Francia construiría catedrales y hospitales, facilitaría la enseñanza universitaria, suavizaría las leyes y unificaría la moneda real. Se destaca por no haberse dejado engreír por su poder y por su preocupación por la paz entre las naciones.

Recibió un segundo llamado de cruzado. Esta vez iría a Túnez, Cartago. Luis, en esta cruzada, contraería la peste. El 25 de agosto de 1270, con sólo 56 años, dejaría este mundo, legando una estela de vida ejemplar para todo hombre de familia y gobernante.

En el año 1297 fue declarado Santo considerado por la Iglesia un hombre de una gran sabiduría para gobernar, una enorme bondad que le atraía gran simpatía de la gente y una generosidad inmensa para ayudar a los necesitados, además de un espíritu de penitencia y oración.